CERTEZA EFÍMERA
Certeza efímera nace de una contradicción visceral: la experiencia fugaz de la verdad absoluta que irrumpe con la fuerza arrolladora de un fogonazo, deslumbrando por un instante antes de desaparecer. La serie no retrata un lugar en el espacio físico, sino una fracción de tiempo. Ese momento en el que la posibilidad de recuperar el control se hace real y, al comprenderla, se desvanece en la oscuridad, dejando un fantasma en nuestra retina.
En este proyecto, el soporte rígido de la madera se convierte en un registro táctil de huellas y silencios. A través del uso de veladuras acrílicas frías, rascados y densas aglomeraciones de pastel, la materia actúa como vehículo directo de introspección. El acto de pintar se vuelve un ejercicio de sustracción y acumulación; una renuncia voluntaria a las coordenadas exteriores para poder habitar el vacío.
Visualmente, la serie se estructura con rigor arquitectónico. Diez obras de formato íntimo (40×40 cm) funcionan como iteraciones de un mismo estado de ánimo que orbita hacia un clímax monumental: un tríptico de gran formato (180×120 cm). En él, la memoria física se sepulta bajo la materia. El tránsito emocional avanza desde esta asfixia hacia la abstracción total, culminando en un fundido a blanco que quema la realidad para dar paso a la luz.



Tríptico final. 180 x 120 cm

Certeza efímera culmina en un tríptico (120 x 180 cm) concebido como un tránsito físico y emocional desde la pérdida de control hasta la redención. La lectura avanza desde la zozobra de la tabla izquierda —donde la identidad se sepulta bajo heridas rascadas y sombras alrededor de una ventana central (40 x 40 cm), ilustrando la angustia de perder el hilo pese a tener un faro— hacia el abismo de la tabla central. En este vacío negro, una frágil red geométrica se desmadeja, lanzando cables que no alcanzan ninguna orilla mientras la caída continúa.
Esta disolución desemboca finalmente en la tercera tabla, una topografía táctil de polvo de mármol y pan de oro. Es la luz que lo inunda todo; la rendición absoluta al momento presente donde el pasado y el futuro conviven. Un espacio de perdón y aceptación de las propias frustraciones y deseos que culmina en un fundido a blanco, poniendo las cicatrices al sol.













